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El abogado

Por Leonardo Bravo - 11 de Febrero, 2007, 13:10, Categoría: Leonardo Bravo

 El abogado

Leonardo Bravo

Este es la historia de un músico, su nombre era Alan. Él era alto, de tipo atlético, atractivo, con el pelo bastante corto, una mirada penetrante, calida y una barba poblada que tenia algunos visos blancos. Aunque había nacido en Ciudad de México tenía alma de viajero y había vivido por múltiples años fuera del país. Era un camaleón que cambiaba de colores, que  se mimetizaba en los ambientes que lo rodeaban pero que mantenía su esencia. Este era un músico que había tenido bastante éxito en su carrera profesional. Había trabajado por varios años con una banda muy conocida y había saboreado las mieles de la fama. Aparentaba mucha menos edad de la que tenía y su actitud demostraba que tenía muchísima energía contenida dentro de sí mismo.

Después de algún tiempo sin escribir nada importante compuso un disco, pero no era un disco cualquiera, era el mejor que había hecho hasta ese momento. La inspiración para este disco provino del amor, pues estaba completa y totalmente enamorado, de pies a cabeza y de la cabeza hasta los pies. Trabajo arduamente durante meses sin descanso, componiendo, arreglando y lo que fue una idea se transformó en algo palpable, en el producto final de sus esfuerzos. Estando en el estudio de grabación se dio cuenta que este disco era único, especial y definitivamente el mejor de su cosecha. Además de tener su sello personal, de representar parte de su alma iba a ser un hit y posiblemente iba a hacerle ganar mucho dinero.

Semanas después de haber terminado de grabar, su productor le llevó varias cajas de cartón con sus discos y se las dejó en la sala de su casa. El vivía en el último piso de un edificio, en un departamento muy bonito con vista hacia la ciudad. Este disco era el producto de su esfuerzo y se sentía muy orgulloso pues había invertido mucho en el y el esfuerzo había pagado la pena. De repente pasó algo que lo dejó desconcertado. Por el techo de su casa empezó a entrar una luz muy fuerte con una especie de torbellino y cada segundo que pasaba la luz se hacía cada vez mas poderosa. El vio hacia arriba hacia el resplandor y algunas nubes que habían en el cielo se separaron y de repente escucho una voz muy fuerte que le dijo “Soy Dios tu señor”.

El observaba el remolino, la luz y pensó, qué raro, si hoy no me he tomado ni un solo trago. Le dijo incrédulo “eres Dios? No mames, no puede ser” él le contestó que sí, que era el creador de lo visible y lo invisible. Y, sí,  realmente era Dios. Después de la sorpresa inicial, le preguntó “Qué quieres de mi Señor?”. Él le contestó con voz fuerte y profunda, “Quiero recordarte que los derechos de autor de tu disco son míos, ya que yo soy el dueño del amor, y fue gracias al amor que tú te inspiraste para hacer tu obra”, él se quedó pensando por un instante y le contestó, “no me parece justo, pues a pesar de que fue el amor el que me inspiró, y tú eres el señor de señores fui yo el que invirtió muchas horas en este proyecto, fui yo el que hizo los arreglos e hizo posible que esta idea se transformara en realidad y en últimas fui yo el que tuvo el parto de esta criatura”.

Dios le contesto que no había nada que hacer, que él era el único dueño de los derechos de autor. Alan le contestó “pues definitivamente no estoy de acuerdo, vas a tener que hablar con mi abogado sobre ese tema”, desconcertado Dios le pregunto, “y acaso quien es tu abogado?”, Alan le contestó con una sonrisa en los labios, “El Abogado del Diablo…”

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Dionisio

Por Leonardo Bravo - 11 de Febrero, 2007, 12:55, Categoría: Leonardo Bravo

Dionisio

Leonardo Bravo


Esta es la historia de Dionisio, semi dios griego del vino y de la fiesta, también conocido como Baco en Roma y con otros nombres en Persia, India y Zipango. Dionisio era mitad dios y mitad humano pues había sido concebido en el Olimpo y su madre era mortal. Cuando Dionisio nació, Zeus, el mayor de los dioses, le pregunto a su madre cuál era el don que quería que se le otorgara a su recién nacido. Antes de que pudiera contestar el niño empezó a llorar y ella pensó que era porque tenia hambre. Su madre saco el seno para amamantarlo. Al ver el seno descubierto y el pezón al aire el niño sonrió y dejo de llorar.

Zeus ya le había dado un don antes de nacer, estaba escrito en un papel y decía "Dionisio, vas a amar y ser amado por muchas mujeres". Este no era un niño especialmente bello, era normal a los ojos de las otras madres, pero cada vez que estaban cerca de el sentían un calor extraño que las invadía. El don consista que la mujer que estuviera a un metro de distancia sentiría su presencia y una fuerte atracción hacia el se haría presente.

El niño no sabia de este don, hasta cuando tenia siete u ocho anos y una niña con la que estudiaba lo llevó de la mano cerca de un parque y lo besó. A partir de ese instante se dio cuenta de la rara atracción que ejercía sobre las mujeres. No era que el las incitara, o las buscara o las llamaba, era que el don otorgado por los dioses era muy poderoso. Al ir creciendo empezó a entender mejor al sexo opuesto y a darles lo que cada una estaba buscando. Las amaba, las idolatraba, las admiraba. Le fascinaba su belleza, su feminidad, la suavidad de su piel, sus formas, sus movimientos al caminar y el tono de sus voces. El lado negativo con este don era que Dionisio no lo podía controlar. En varias ocasiones le sucedió que las mujeres enloquecían por el con sólo verlo pasar por la calle y la autoridad tenía que intervenir en riñas callejeras para separar a sus admiradoras. Este don era algo especial, pues sin buscar encontraba lo que no estaba buscando.

Gracias al don había podido probar las mieles del amor, en múltiples presentaciones, colores y sabores; conocer mujeres con diferentes formas de pensar, de diferentes clases sociales e incluso religiones. El lado malo es que este era a la vez un don y una maldición pues al haber conocido tantos olores de piel, formas de amar y tener posibilidades infinitas Dionisio no podía estar con una sola mujer. A pesar de querer, no podía y a pesar de poder no quería. Su mente y su cuerpo estaban siempre en discordia y en la mayoría de las veces una se imponía a la otra y no precisamente la primera a la segunda.

La única forma de romper la maldición era retractando el don. Para estar con una sola mujer debería dejar a todas las otras. Era una situación difícil pues había pasado toda su vida de lecho en lecho, de abrazo en abrazo y realmente le gustaba el sexo opuesto tanto como el les gustaba a ellas. Después de mucho tiempo  decidió que era hora de dejar atrás sus sueños de juventud y empezar a procrear la que sería una larga dinastía. Lo que hizo fue ir directamente al Olimpo y pedir la mano de la mismísima hija de Zeus, que en sueños había visto. Ella era una Diosa, y no sólo por su belleza, sino que literalmente lo era. Apenas lo vio, la hija de Zeus le dijo a su padre que a pesar de su reputación este sería su esposo por el resto de sus días. Que ella lo haría cambiar y que serian felices por la eternidad.

En su noche de bodas una esclava que estaba al servicio de la hija de Zeus fue a llevarle la túnica con la que Dionisio se casaría. Al verlo su cuerpo entro en estado de ebullición y a pesar de ser la mejor amiga de la princesa mas que el deber, ganó el placer. El vio como sus mejillas se enrojecían, y  como sus labios cambiaban de color a uno mas rojizo y como en muchas ocasiones anteriores no se pudo controlar, deseaba oler su cuerpo, acariciarla, poseerla. Los dos se entregaron al deseo y cuando estaban en pleno éxtasis una voz del cielo grito que esto era una profanación. A Dionisio le dictaron una sentencia en la cual le desterraban de Grecia, le quitaban su esencia divina y lo hacían esclavo.

Lo único que pudo decir frente al castigo impuesto fue que este don se lo habían dado los propios dioses, que estaba en su naturaleza y que así quisiera no podía cambiar. Zeus sonrió pues su hija se casaría con un Dios y no con un semidios y la sangre que correría por las venas de sus descendientes sería pura. A parir de ese momento Dionisio sería un esclavo, sucio, pobre, pero rodeado de mujeres. Continuaría siendo el hombre mas apetecido por el genero femenino pero ahora como esclavo. Desde el principio de los tiempos el destino había dictado que Dionisio continuaría siendo lo que siempre había sido, independientemente de su voluntad.

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Sesiones de obsesiones

Por Chávezcamacho - 11 de Febrero, 2007, 12:34, Categoría: Chávezcamacho

Sesiones de obsesiones

Chávezcamacho

A cada uno de los cuatro.

Incienso, música que flota, ojos cerrados, posición de flor de loto: algunas marchitas, otras frescas como la mañana y las menos, deshojadas. El gran Gurú armoniza al grupo: Apaga tu mente; relájate y déjate ir corriente abajo; reposa tus pensamientos; ríndete frente al vacío que brilla; lo que ves quizá sea tu propio interior; es tu ser. Que difícil es poner mi mente en blanco, mientras más lo intento, más imágenes se me agolpan:  Árboles de mandarina, cielos de mermelada, ahí está ella con sus ojos de calidoscopio. Yo soy él; como tú eres yo y todos somos todos; todo lo que haces puede ser hecho; podrás aprender a ser tú mismo. El Gurú agita unas campanillas que sincronizan el entorno con la mente de los iniciados. Crema de maní, jengibre con nuez moscada, un corazón de piña y un postre de café... No quiero abrir los ojos, no quiero verla, sólo estoy aquí por ella. Cuando tú puedas ver más allá de ti mismo quizá encuentres la paz espiritual; y llegará el día en que comprendas que todos somos uno y que la vida fluye hacia dentro y hacia fuera de ti. Crema fría de cereza y una deliciosa tarta de manzana, sé que a ella le gustan estas cosas místicas aunque no sirvan para nada. Todo lo que puedas conocer ya es conocido; todo lo que puedas ver ya ha sido visto y no hay lugar en el que quieras estar que no sea en donde deberías estar. Latas de sardinas escalan el Himalaya,  pingüino vestido de sport canta Hare Krishna, Hare Hare Krishna. Inútil, mi mente no se pone en blanco, está multicolor, sigue conectada a ella, hasta aquí llega su perfume: me envuelve, me obsesiona. El amor es todo; en cada uno de nosotros eso es saber; escucha el color de tus sueños; juega a existir hasta el fin del principio. Uno, dos, tres, cuatro, ¿puedo tomar un poco más? Cinco, seis, siete... te quiero, a, b, c, d. Sin cruzar tu puerta puedes conocer todo lo que ocurre en la Tierra; sin necesidad de observar por la ventana puedes ver los caminos que conducen al paraíso; mientras más lejos llegas menos sabes; puedes llegar sin viajar; ver sin abrir los ojos; la vida fluye hacia adentro y hacia afuera de ti. Imposible, sólo veo con los ojos bien abiertos y no creo que la vida fluya hacia dentro de mí de alguna otra manera, el helado de coco aleja cualquier tristeza, esa sí es sabiduría, la tengo que ver, nada más es cuestión de despegar los párpados despacio muy despacio, lo mínimo, nadie se debe dar cuenta, debo comenzar a ver la luz y listo, ahí estará ella, inmóvil, perfecta, concentrada, con su mente en blanco, oigo su delicada voz, oigo su delicada voz que dice dulcemente mi nombre: Luis, Luis, Luis, y su suave mano tocando mi hombro, de nuevo la voz: Luis, Luis, Luis ya se fueron todos... ¡¿ya se fueron todos, Maestro?! De pronto la vida fluye violentamente hacia fuera y hacia dentro de mí, abro los ojos, otra vez solo, otra vez sin ella.

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PENDULARIOS

Por Pendularios - 28 de Enero, 2007, 19:15, Categoría: General

Muy pronto conocerás

los rostros de los

Pendularios.

Tejedores de palabras.

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Amanda, amando

Por Chávezcamacho - 28 de Enero, 2007, 18:57, Categoría: Chávezcamacho

Amanda, amando

Chávezcamacho

Para Amanda,
tan impredecible como la lotería.

Inevitablemente se escucharon rodar sus lágrimas.
Amanda las trató de ocultar, fue demasiado tarde porque él, antes de salir de la casa volteó por última vez como si el estruendo de aquella avalancha que bajaba vertiginosamente por las mejillas lo previnieran de una catástrofe.

Tamales oaxaqueños... tamales calientitos... tamales oaxaqueños.... tamales calientitos; el celular de Amanda comienza a sonar con ese tono que tanta gracia le hace. Es un mensaje de él: Ke t parece si nos vmos en tu ksa a las 8.
Sip.
Ha confirmado la cita.

Aún faltan cinco horas para el encuentro. Amanda se ve en el espejo de cuerpo completo. Se contempla. Se acerca hasta tenerse frente a frente y lo comprueba: su maquillaje necesita una retocadita. En su mente se abren las puertas del gran vestidor y lo comienza a recorrer para seleccionar la ropa exacta que ella quiere lucir para cuando él llegue.

Tamales oaxaqueños... tamales calientitos... tamales oaxaqueños: Ke tal salir a cenar.
Sip.
Ha confirmado la cena.

Amanda regresa a su lugar la ropa que ha sacado porque no es lo mismo quedarse echadotes en el sillón platicando que salir con él a un restaurante. Blusa, falda, botas, chamarra, sombras, delineador, labial, ideales para lucir bien fuera de casa. Se da los últimos arreglos en el peinado, aunque faltan dos horas.

Tamales oaxaqueños... tamales calientitos: Ke tal mejor cine.
Sip.
Ha confirmado el cine.

El espejo de cuerpo completo le indica que ese maquillaje y esa vestimenta no son las adecuadas para estar entre palomitas, nachos, hot dogs y megavasos con refresco. Crema, algodón, agua y jabón lo han solucionado. En la cama coloca su ropa y la ilusión de pasar una buena velada rodeada de deliciosos aromas, hipnotizante murmullo de voces y tintineos de copas.
Amanda nuevamente está lista, todo en su lugar y en su lugar todo para pasar dos horas o dos horas y media viendo la película que tanto le recomendaron que no vea, pero él, seguramente llegará con los boletos para esa función.

Tamales oaxaqueños: Llego un poco + tarde. Beso.
Ok.
Ha confirmado la impuntualidad.

Aprovecha para darse una arreglada en las uñas.
8:15.
Nuevamente Amanda está frente a frente en el espejo revisando que todo se encuentre en orden, porque él llegará de un momento a otro.
8:45.
Intenta mandarle un mensaje telefónico pero se arrepiente. Lo quiere tanto que Amanda amando es tolerante.
9:30.
Muy despacio va al pequeño espejo de marco verde que está junto a la puerta de la entrada. Se ve detenidamente su cara. La mirada la tiene seria.
Tamales oaxaqueños... tamales calientitos... tamales oaxaqueños....
De un paso llega hasta la mesa de la sala donde se encuentra su bolsa. El celular le continúa diciendo cómo se encuentran los tamales oaxaqueños. Por fin lo tiene entre sus manos: Para que usted esté más cerca de sus seres queridos, registre un número fijo y hable todo lo que quiera por tan sólo $5.00 la llamada, más IVA.
10:15.
El televisor encendido es el dique de contención que ha impedido que por el coraje se desborden las lágrimas de Amanda. Ella, amoldada en el sillón amarillo, lo mira sin mucha importancia mientras casi de forma automática su mano agarra uno tras otro los chocolates rellenos de menta.
10:30
El timbre suena. Amanda se levanta. Abre la puerta y retrocede unos pasos. Él entra y muestra su mejor sonrisa pero ve que algo no está bien; esa mirada de ella exige se le dé una explicación.
Él piensa que mañana será otro día y las cosas estarán mejor con Amanda. En silencio da la media vuelta y comienza a caminar.

Inevitablemente se escuchan rodar sus lágrimas.
Amanda las trata de ocultar, es demasiado tarde porque él, antes de salir de la casa voltea por última vez como si el estruendo de aquella avalancha que baja vertiginosamente por las mejillas le previniese de una catástrofe. No le ve las lágrimas. En el aire un florero que se aproxima velozmente hacia él le impide ver aquel rostro de su amada Amanda.

Tamales oaxaqueños... tamales calientitos...

Amanda sonríe. Apaga la luz y se duerme con la seguridad de que él, no volverá a llegar tarde.

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