Dionisio
Leonardo Bravo
Esta es la historia de Dionisio, semi dios griego del vino y de la fiesta, también conocido como Baco en Roma y con otros nombres en Persia, India y Zipango. Dionisio era mitad dios y mitad humano pues había sido concebido en el Olimpo y su madre era mortal. Cuando Dionisio nació, Zeus, el mayor de los dioses, le pregunto a su madre cuál era el don que quería que se le otorgara a su recién nacido. Antes de que pudiera contestar el niño empezó a llorar y ella pensó que era porque tenia hambre. Su madre saco el seno para amamantarlo. Al ver el seno descubierto y el pezón al aire el niño sonrió y dejo de llorar.
Zeus ya le había dado un don antes de nacer, estaba escrito en un papel y decía "Dionisio, vas a amar y ser amado por muchas mujeres". Este no era un niño especialmente bello, era normal a los ojos de las otras madres, pero cada vez que estaban cerca de el sentían un calor extraño que las invadía. El don consista que la mujer que estuviera a un metro de distancia sentiría su presencia y una fuerte atracción hacia el se haría presente.
El niño no sabia de este don, hasta cuando tenia siete u ocho anos y una niña con la que estudiaba lo llevó de la mano cerca de un parque y lo besó. A partir de ese instante se dio cuenta de la rara atracción que ejercía sobre las mujeres. No era que el las incitara, o las buscara o las llamaba, era que el don otorgado por los dioses era muy poderoso. Al ir creciendo empezó a entender mejor al sexo opuesto y a darles lo que cada una estaba buscando. Las amaba, las idolatraba, las admiraba. Le fascinaba su belleza, su feminidad, la suavidad de su piel, sus formas, sus movimientos al caminar y el tono de sus voces. El lado negativo con este don era que Dionisio no lo podía controlar. En varias ocasiones le sucedió que las mujeres enloquecían por el con sólo verlo pasar por la calle y la autoridad tenía que intervenir en riñas callejeras para separar a sus admiradoras. Este don era algo especial, pues sin buscar encontraba lo que no estaba buscando.
Gracias al don había podido probar las mieles del amor, en múltiples presentaciones, colores y sabores; conocer mujeres con diferentes formas de pensar, de diferentes clases sociales e incluso religiones. El lado malo es que este era a la vez un don y una maldición pues al haber conocido tantos olores de piel, formas de amar y tener posibilidades infinitas Dionisio no podía estar con una sola mujer. A pesar de querer, no podía y a pesar de poder no quería. Su mente y su cuerpo estaban siempre en discordia y en la mayoría de las veces una se imponía a la otra y no precisamente la primera a la segunda.
La única forma de romper la maldición era retractando el don. Para estar con una sola mujer debería dejar a todas las otras. Era una situación difícil pues había pasado toda su vida de lecho en lecho, de abrazo en abrazo y realmente le gustaba el sexo opuesto tanto como el les gustaba a ellas. Después de mucho tiempo decidió que era hora de dejar atrás sus sueños de juventud y empezar a procrear la que sería una larga dinastía. Lo que hizo fue ir directamente al Olimpo y pedir la mano de la mismísima hija de Zeus, que en sueños había visto. Ella era una Diosa, y no sólo por su belleza, sino que literalmente lo era. Apenas lo vio, la hija de Zeus le dijo a su padre que a pesar de su reputación este sería su esposo por el resto de sus días. Que ella lo haría cambiar y que serian felices por la eternidad.
En su noche de bodas una esclava que estaba al servicio de la hija de Zeus fue a llevarle la túnica con la que Dionisio se casaría. Al verlo su cuerpo entro en estado de ebullición y a pesar de ser la mejor amiga de la princesa mas que el deber, ganó el placer. El vio como sus mejillas se enrojecían, y como sus labios cambiaban de color a uno mas rojizo y como en muchas ocasiones anteriores no se pudo controlar, deseaba oler su cuerpo, acariciarla, poseerla. Los dos se entregaron al deseo y cuando estaban en pleno éxtasis una voz del cielo grito que esto era una profanación. A Dionisio le dictaron una sentencia en la cual le desterraban de Grecia, le quitaban su esencia divina y lo hacían esclavo.
Lo único que pudo decir frente al castigo impuesto fue que este don se lo habían dado los propios dioses, que estaba en su naturaleza y que así quisiera no podía cambiar. Zeus sonrió pues su hija se casaría con un Dios y no con un semidios y la sangre que correría por las venas de sus descendientes sería pura. A parir de ese momento Dionisio sería un esclavo, sucio, pobre, pero rodeado de mujeres. Continuaría siendo el hombre mas apetecido por el genero femenino pero ahora como esclavo. Desde el principio de los tiempos el destino había dictado que Dionisio continuaría siendo lo que siempre había sido, independientemente de su voluntad.