Sesiones de obsesiones
Chávezcamacho
A cada uno de los cuatro.
Incienso, música que flota, ojos cerrados, posición de flor de loto: algunas marchitas, otras frescas como la mañana y las menos, deshojadas. El gran Gurú armoniza al grupo: Apaga tu mente; relájate y déjate ir corriente abajo; reposa tus pensamientos; ríndete frente al vacío que brilla; lo que ves quizá sea tu propio interior; es tu ser. Que difícil es poner mi mente en blanco, mientras más lo intento, más imágenes se me agolpan: Árboles de mandarina, cielos de mermelada, ahí está ella con sus ojos de calidoscopio. Yo soy él; como tú eres yo y todos somos todos; todo lo que haces puede ser hecho; podrás aprender a ser tú mismo. El Gurú agita unas campanillas que sincronizan el entorno con la mente de los iniciados. Crema de maní, jengibre con nuez moscada, un corazón de piña y un postre de café... No quiero abrir los ojos, no quiero verla, sólo estoy aquí por ella. Cuando tú puedas ver más allá de ti mismo quizá encuentres la paz espiritual; y llegará el día en que comprendas que todos somos uno y que la vida fluye hacia dentro y hacia fuera de ti. Crema fría de cereza y una deliciosa tarta de manzana, sé que a ella le gustan estas cosas místicas aunque no sirvan para nada. Todo lo que puedas conocer ya es conocido; todo lo que puedas ver ya ha sido visto y no hay lugar en el que quieras estar que no sea en donde deberías estar. Latas de sardinas escalan el Himalaya, pingüino vestido de sport canta Hare Krishna, Hare Hare Krishna. Inútil, mi mente no se pone en blanco, está multicolor, sigue conectada a ella, hasta aquí llega su perfume: me envuelve, me obsesiona. El amor es todo; en cada uno de nosotros eso es saber; escucha el color de tus sueños; juega a existir hasta el fin del principio. Uno, dos, tres, cuatro, ¿puedo tomar un poco más? Cinco, seis, siete... te quiero, a, b, c, d. Sin cruzar tu puerta puedes conocer todo lo que ocurre en la Tierra; sin necesidad de observar por la ventana puedes ver los caminos que conducen al paraíso; mientras más lejos llegas menos sabes; puedes llegar sin viajar; ver sin abrir los ojos; la vida fluye hacia adentro y hacia afuera de ti. Imposible, sólo veo con los ojos bien abiertos y no creo que la vida fluya hacia dentro de mí de alguna otra manera, el helado de coco aleja cualquier tristeza, esa sí es sabiduría, la tengo que ver, nada más es cuestión de despegar los párpados despacio muy despacio, lo mínimo, nadie se debe dar cuenta, debo comenzar a ver la luz y listo, ahí estará ella, inmóvil, perfecta, concentrada, con su mente en blanco, oigo su delicada voz, oigo su delicada voz que dice dulcemente mi nombre: Luis, Luis, Luis, y su suave mano tocando mi hombro, de nuevo la voz: Luis, Luis, Luis ya se fueron todos... ¡¿ya se fueron todos, Maestro?! De pronto la vida fluye violentamente hacia fuera y hacia dentro de mí, abro los ojos, otra vez solo, otra vez sin ella.